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lunes, 14 de septiembre de 2015

Alamedas…

Alamedas…


Acontece una luz brillante
Locuelos corren por entre ramajes
Ahuecan su vientre en busca del otro
Mesando la brisa con brío azul
Enconados por ser jóvenes en su altivez
Directos a comerse el mundo
Aligerando pesadumbres, viviendo bien sencillo
Sencillo, sí como juvenales señores de la tierra.
Sendas multiformes quedan prendidas de sus ramajes
Aires de sur, bosques de hombres, de hermanos
Diásporas quedan en silencio, cuando ellos marchan
Errantes cuerpos que se pierden bajo la oscuridad
Mientras no hacemos nada, se desangran entre hojas
Aguas de ríos rojos, mordidas las piernas, y el alma
Lagunas se llenan con el salitre derramado
Ágoras de voces llenas, sin fundamento, y estulticia.
Añoro tu risa cuando abrazas al débil
Liviano es el ardor del que entrega pan al hambriento
Apacigua el fuego de su llamarada más longeva
Meridiana es su cara y su cruz, pende de sus manos el futuro
Estrecho el espacio entre sus tallos, erguidos en el desfile
Docenas de carros de hierro, y una mancha de flores
Acuéstate cuando los hayas salvado, tú eres la verdad
Silueta que vibra y torna en vida un sueño
Alamedas de recta figura, transmutad las conciencias
arribad cual si fuerais soldados de vuelta, añejas uvas
que sobre el lagar rezuma azúcar para ser el mejor zumo vivo.
Que las fronteras no sean guadañas que nos separen.

©Santiago Pablo Romero.Bluesman.

Imagen: FernándezCáceres’15.